Primera recaída de ella, justo estos días festivos cuando los doctores están de vacaciones. Estuvo dos días en cama, decaída y algo depre, con su broncodilatador y su Esteclin, que supuestamente es un fluidificante. No queríamos molestar al doctor, que está de vacaciones fuera de la ciudad, pero al final la convencí de que le hablara al celular. Así lo hizo, no hubo problemas: le explicó y el doctor le recetó un antibiótico inyectado, 5 días. Luego, en enero, nos vemos. Saludos, adiós, adiós.
Compramos la medicina en el Wal Mart (el genérico vale 40 pesos cada uno, el original de Roche más de 350 cada inyección). Fuimos luego a la pequeña clínica privada de nuestro pueblito suburbano, le aplicaron la primera, 10 pesos y de regreso a casa.
Ayer, domingo, repetimos la visita pero ahora la recepcionista era otra y estaba en plan pesado. Que no aplican inyecciones sin receta. Tratamos de explicarle a la idiota que ya nos habían dado una la víspera, que la enfermera Angélica nos conocía, que éramos gente de confianza. Nada. Le habló a regañadientes al doctor, que estaría por ahí viendo la tele o haciéndose puñetas, y peor: que si no éramos pacientes de ellos, nones. Me puse furioso y le dije que éramos pacientes de esa clínica de muchos años, que esto y que lo otro, y que quería hablar con el doctor. Ella también intervino, y como estaba entre pálida y enojada, se veía todavía más agresiva. Al final, en lugar del doctorcito anónimo bajó la enfermera, aplicó la inyección, pagamos 10 pesos y nos fuimos.
Hoy lunes 31 volveremos, a ver que ocurre. Es que no queremos que se aplique la inyección con una señora cualquiera (tenemos una enfermera aquí cerca, pero no la queremos molestar). Y además, ¿qué esperan que hagamos? Aun el director de la clínica, a quien conocemos de hace 15 años, está de vacaciones. Todo el tiempo se dan en México recetas por teléfono y se venden medicinas con el nombre en un papelito. Se venden medicinas sin receta, pero luego no hay quién las aplique o se ponen pendejos. Si me hubiera dicho, "a ver, déjeme ver qué es, que lo vea el doctor, que lo autorice", hubiera sido razonable. No tengo recetas de esa medicina, pero tengo otras del tratamiento, tengo estudios, podemos explicarle lo que quiera. Pero que no me chingue con que acá no se aplican inyecciones sin receta. Y de todos modos, con unos cuantos gritos, acabó aceptando. Nomás es la actitud, y también aprender que no hay que dejarse con gente estúpida y sin criterio. Fin de la historia, luego la seguimos.
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1 comentario:
releo esta entrada , y sí, estaba ese dia muy enojado
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