jueves, 16 de enero de 2014

Mi primera experiencia con el IMSS

Aunque he contribuido al Instituto Mexicano del Seguro Social durante más de 20 años, nunca había ido a pedir los servicios médicos, en parque porque no los necesité, en parte porque tuve buenos médicos particulares y porque los antecedentes eran bastante malos para probarlos sin necesidad. Pero ahora que tenemos tiempo y necesitamos medicina más frecuente, y para ver si podemos reducir nuestros gastos, hice el trámite de pedir un consultorio en la clínica familiar, pedí la primera cita, que nos dieron para un mes después, y finalmente la semana pasada vimos por primera vez a nuestra doctora, que no será la misma la próxima vez porque justo ese día, había faltado y había una sustituta. Por lo que fuera, nos atendieron una hora y media después de nuestra presunta cita, que era a las 4 de la tarde.
La doctora, joven, entendió rápido cómo estaba la situación, porque nosotros fuimos muy claros en explicarla. Le conté mis padecimientos y las medicinas que tomo, y le mostré la última receta de ella, y el cuadro y todo lo demás. En conclusión, queríamos que nos abrieran un expediente, para el futuro, y que nos ayudaran con las medicinas y lo que se pudiera en el futuro.
´Para poder pasarnos a especialistas de siguiente nivel, nos mandó análisis de sangre y orina, que haremos dentro de un mes, y una placa para ella, cita a los 20 días. Aquí nada es para mañana o pasado.
La mayoría de mis medicinas actuales, el seguro no las maneja. O sea que en lugar de mi antihipertensivo telmisartán, que tomo una vez por día, me recetó losartán, que hay que tomar dos veces por día, y es de dos generaciones atrás. No sé si sea tan bueno como el telmisartán. En lugar  de mi diurético, que tomo dos veces por semana, me mandó otro que deberé tomar media pastilla cada mañana. En lugar del Crestor (rosuvastatina) que tomo para el colesterol, me mandó atorvastatina (Zocor), que si no me equivoco es dos generaciones atrás, más antiguo todavía que Lipitor. De todos modos no he comenzado el tratamiento porque en la farmacia no hubo ninguno de los tres medicamentos. Volví ayer, una semana después, y sólo me dieron las dos cajas de losartán, así que estamos en la misma. Que vuelva el viernes. No se qué pasará cuando le pida mi diazepan para dormir. Todos son muy amables y cooperativos, pero completamente ineficientes. Las salas de espera siempre están llenas de gente esperando, o sea que algo ahí no funciona.
De la receta de ella, que lleva varias cosas, la doctora dijo que algunas medicinas podemos conseguirlas con el neumólogo, como el Combivent, pero será cuando lo podamos ver en el futuro. En cambio le recetó y conseguimos de inmediato la furosemida (el diurético), la digoxina y las sales de potasio para los calambres, por el diurético. Pero en lugar de Claritine D, el antihistamínico, dijo que nos daría loratadina a secas, que no es lo mismo. De todos modos, en la farmacia no lo tenían y ayer tampoco. Que vuelva el viernes.  O sea que ella y yo seguimos con lo mismo y apenas pudimos conseguir que nos abrieran el expediente y nos dieran unas medicinas, que son además las más baratas.
Los estudios de laboratorio son sí o sí a las 7 de la mañana, no sé por qué, siendo que personas enfermas no debieran salir a esa hora en pleno invierno. Aquí a las 6 todavía  está oscuro y hace menos de 4 o 5 grados. Ya veremos el gentío frente a la ventanilla, cada quien con su muestra de pipí. No va a ser divertido, lo juro.
Dentro de un mes tenemos la siguiente cita, ya que estén los estudios hechos, y seguirá esta pequeña historia médica que queremos compartir pacíficamente con los lectores. En realidad no nos podemos quejar porque nos tratan bien y con simpatía, pero pensamos en la gente que no tiene recursos y coche, y tiempo para perder ahí, y que pueden sacar sus tratamientos por otro lado. Esos están jodidos.


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